miércoles, 5 de septiembre de 2012

Soldados irreductibles

   Encuentro en la futilidad humana la mas placentera razón que argumenta el alzamiento y la caída de los grandes imperios. Siempre se nos escapa un punto de vista con el que nadie cuenta, el ser humano no es perfecto, ni mucho menos, pero hay que tenerlo en cuenta. Las guerras las ganan los soldados, no los generales que dictan órdenes, aunque sea cierto que sin su liderazgo no pudiese ser posible la victoria.

   ¿Quienes os creéis que venció a los galos en la en la Batalla de Alesia en el 52 a.C.? Creo recordar que fueron los soldados del ejercito romano tras una larga espera durante todos los días que duró el asedio. No es un buen ejemplo puesto que hasta un nano con un palo en la mano pudiese haber derrotado a unas personas muertas de hambre y sin fuerzas. Mas que con honores como recibieron a César en Roma tras su victoria llevando a rastras al antiguo líder de los galos Vercingetorix, debieron recibirlo a garrotazos y haberle escupido en la cara puesto que en su victoria no habia honor alguno, cosa de las que han sabido hacer gala mas civilizaciones que no son los romanos, como por ejemplo los japoneses.

   La civilización japonesa es grandiosa y honorable hasta la estupidez. En la época colonial, me refiero a la Época Edo, existían grandes personas que hacían gala del honor y de una filosofía recta basada en el poder redentor del acero que me hace discutir y farfullar cuales son los auténticos valores que importan. Por si no os habéis dado cuenta me refería a los samurai, que blandian sus honorables katanas para impartir una justicia basada en un conjunto de ideales que configuraban la mente del samurai. Un caso mas concreto puede ser el de Miyamoto Mushashi (escrito con fonética japonesa), el cual escribió El libro de los cinco anillos (Go-rin no sho).


   Podría extender este tema durante mucho tiempo mas, pero probablemente el lector perdería interés puesto que va dedicado a alguien joven, y todos sabemos como es la juventud (no hace falta que lo diga). En resumen, solo quiero afirmar que sin la asombrosa aportación de las personas a cualquier hecho histórico no hubiesen sido posibles, pero siempre guardando el honor y el libre albedrío para no acabar siendo una simple marioneta más. Es obvio, pero a veces no viene mal recordarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario