sábado, 29 de junio de 2013

Dialéctica del amo y el esclavo

En toda relación siempre hay un vencedor y un vencido, un activo y un pasivo, un poderoso y un endeble, en definitiva, el que manda y el que es mandado. Últimamente mi imaginación rebosa de innombrables pensamientos dedicados a una persona, mi ama, señora de mis impulsos, aunque la depravación no tiene límites y habrá más de uno que al empezar a leer esta entrada piense que aquí, vuestro autor, está demente o preso de alguna sustancia alucinógena.

Sin embargo, ¿quién es aquel que nos dicta esta postura ante la vida? Ante esta pregunta surge una ardua respuesta fruto de todo un desarrollo de pensamientos típicos de un lunático que aúlla al firmamento cuando su instinto animal aboga por la coexistencia en su ser. La respuesta no es sencilla; habrá que seguir indagando en la purulenta llaga.

Toda la humanidad está embrujada, hipnotizada -si os gusta más-. La televisión, las revistas, Internet y otras fuentes de difusión de información, en primera instancia, típicas de la modernidad nos programan cual robots orgánicos acerca de cual tiene que ser nuestra visión, nuestro pensamiento, nuestras inquietudes. Todo.

¿Qué tiene de malo verse sometido ante otra persona? Así pues, puedo esperar ante esa pregunta una serie de muecas y gestos desconsiderados que reiteren la figura de este, vuestro escritor, como un demente. Os reiréis de mi, pero yo me rio de vosotros porque no podéis percibir, ni siquiera atisbar, que sois esclavos de esta sociedad marchita y lúgubre hasta las entrañas en la que vivimos; como diría Edgar Allan Poe: "oscuridad tan solo, y nada más".

El esclavo es aquel que se deja avasallar, aquel que le coge más cariño a sus cadenas que a su vida. Siendo esto así, ¿qué nos diferencia a todos de unos esclavos? La diferencia es prácticamente inexistente, pues llevamos unas cadenas a muchas bandas, ya sea el móvil, el gimnasio, el coche; todo lo material nos ata a otra persona y el deseo nos reseca las esperanzas mientras solo hay sombras al final de la cueva que es nuestra vida.

El amo es aquel fuerte, bravo, vigoroso, bizarro, hidalgo, que desafía las autoridades y busca salida a su propio ser como la máxima expresión de autosuficiencia. Aunque la vida hace amos, es decir, los crea de la nada, estos aún están por nacer, pues aquel que consiga vislumbrar la luz de la verdad, habiéndose librado de las cadenas de la opresión, será aquel capaz de mandar, capaz de amar, capaz de vivir.

La discusión, llámese dialéctica del amo y el esclavo, es bien sencilla, puesto que todo lo que no es conocimiento en una relación humana es poder; siempre va a haber una parte que se quiera imponer al otro, no se si me explico bien.

Aunque la vida no sea sencilla, que no lo es, y quién crea lo contrario se engaña y sufre alucinaciones de grandeza, ¿qué prefieres ser? Ya no hablo de ser el que mande o el que acata, sino de quién quieres y puedes llegar a ser en tu vida. Una vez alcanzada la libertad el siguiente paso es ponerla en práctica, así que vuela, sal al mundo, pero sobre todo cree que todo es posible en tu vida, pues solo así lograrás grandes cosas junto a ella.

sábado, 25 de mayo de 2013

Sobre la muerte y la soledad

Lo primero a decir es que me gustaría disculparme por el parón que ha metido el blog en estos dos meses porque he andado bastante liado y puede que en un mes no vuelva a subir nada más. Por el momento, os dejo con este ensayo basado en un libro de Leon Tolstoi titulado "la muerte de Ivan Ilich".

Leon Tolstoi fue un novelista ruso de muy buena consideración en el panorama de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial. Sus más famosas obras son Guerra y Paz y Anna Karénina, y son tenidas como la cúspide del realismo ruso.

“¡Tres días de horribles sufrimientos y luego la muerte! ¡Pero si eso puede también ocurrirme a mí de repente, ahora mismo!» -pensó, y durante un momento quedó espantado. Pero en seguida, sin saber por qué, vino en su ayuda la noción habitual, a saber, que eso le había pasado a Ivan Ilich y no a él, que eso no debería ni podría pasarle a él, y que pensar de otro modo sería dar pie a la depresión...” (pág. 4)

Con esta frase, Pyotr Ivanovich nos introduce en la problemática de la muerte al mismo tiempo que nos muestra un pensamiento universal y genérico que experimenta el ser humano. Pero, ¿esto siempre es así? Aceptamos de tan buen agrado una falacia tan inconsciente pues no aceptamos la circunstancia de nuestra propia muerte y debemos mentalizarnos sobre este hecho porque, según dice Pyotr Ivanovich: “pensar de otro modo sería dar pie a la depresión”.

Pero, aquí no acaba el asunto que nos atañe, sino que el moribundo y enfermo Ivan Ilich inicia en sus últimos momentos de vida una reflexión de carácter ancestral sobre la muerta a la par que una visión narcisista de la misma. Inicia con una tesis:”Cuando yo ya no exista, ¿qué habrá? No habrá nada. Entonces ¿dónde estaré cuando ya no exista? ¿Es esto morirse? No, no quiero.”

Después, habiendo plantado la semilla de la duda en nuestros corazones, dentro de un sentido meramente explícito, introduce la segunda parte de la cuestión, la soledad, a través de una serie de símbolos que nos hacen ver que aparentemente se prepara para la inevitabilidad del fin de sus días a lo mismo que, de manera burlesca e irreverente, les manda a sus conocidos al declarar:

“¿Para qué? Da lo mismo -se dijo, mirando la oscuridad con ojos muy abiertos-. La muerte. Sí, la muerte. Y ésos no lo saben ni quieren saberlo, y no me tienen lástima. Ahora están tocando el piano. (Oía a través de la puerta el sonido de una voz y su acompañamiento.) A ellos no les importa, pero también morirán. ¡ldiotas!” (pág. 15)

Tras ver primeramente esta visión de la soledad, en la que nos llegamos a hundir en la más profunda inmensidad de la condición humana, solo podemos ver “oscuridad con los ojos abiertos”, lo que se podría interpretar mismamente como una actitud pesimista provocada por el dolor que le provoca aquella enfermedad que parece que los médicos diagnostican usando el mismo modo que un ludópata al jugar a la ruleta (escogiendo lo que parecería más lógico sin tener en cuenta datos empíricos).

A continuación, continua burlándose de aquellos que le rodean y observan hasta el momento de su muerte sin sentir ningún tipo de empatía por él al pensar de manera ególatra: “Yo primero y luego ellos, pero a ellos les pasará lo mismo. Y ahora tan contentos... los muy bestias.”. Actitud ante la cual solo podremos reaccionar de dos modos: o bien, inconscientemente, sentir pena, lástima, misericordia, ante su situación, o, de modo más grotesco e idealista, reírnos ante tal afirmación y entender de manera más intrínsecamente el significado –crease o no- de su apatía provocada por la soledad que va ligada a cualquier enfermo, persona mayor o discapacitado que incentiva ésta, nuestra sociedad.

Oh, vaya, y cuando parece que ya no podría sorprendernos de otro modo, a pesar de que conocemos a Ivan Ilich y su afición por la lectura observamos cómo a través de una figura tan intrínseca de la lógica, usada en las reflexiones filosóficas desde Aristóteles, como es el silogismo nos explica por qué él es especial y no un humano cualquiera a través del silogismo aprendido en la Lógica de Kiezewetter[1]:

“«Cayo es un ser humano, los seres humanos son mortales, por consiguiente Cayo es mortal», le había parecido legítimo únicamente con relación a Cayo, pero de ninguna manera con relación a sí mismo. Que Cayo -ser humano en abstracto-fuese mortal le parecía enteramente justo; pero él no era Cayo, ni era un hombre abstracto, sino un hombre concreto, una criatura distinta de todas las demás: él había sido el pequeño Vanya para su papá y su mamá, para Mitya y Volodya, para sus juguetes, para el cochero y la niñera, y más tarde para Katenka, con todas las alegrías y tristezas y todos los entusiasmos de la infancia, la adolescencia y la juventud.” (pág. 16)

Ante tal afirmación, continua sigue sin mentalizarse de su propia mortalidad y sufre ante tal suceso, como demuestra al lanzar al aire su conclusión:

“Cayo era efectivamente mortal y era justo que muriese, pero «en mi caso -se decía-, en el caso de Vanya, de Ivan Ilich, con todas mis ideas y emociones, la cosa es bien distinta, y no es posible que tenga que morirme. Eso sería demasiado horrible.” (pág. 16)

Ivan Ilich no logra entenderlo. “¡No puede ser! ¡No puede ser, pero es! ¿Cómo es posible? ¿Cómo entenderlo?” ¿Qué hay que entender? La muerte es el juez supremo de la naturaleza que elige y juzga para recordarnos el tan afamado tópico literario medieval del tempus fugit. No avisa, ni hay por qué entenderla, solo llega.

“El mayor tormento de Ivan Ilich era la mentira…”. Esa mentira –si es que alguien se la imagina- no es más que la obcecación del ser humano por no querer aceptar la realidad que los rodea y los lleva a inventarse mundos imaginarios en el que todo está bien y se comporta a placer. Por muy cínico que pueda parecer, es un hecho.

Fruto de esa soledad que se apega al pensamiento y la realidad de nuestro Ivan Ilich “lo que más anhelaba […] era que alguien le tuviese lástima como se le tiene lástima a un niño enfermo”, consideración que, si no por subconsciente, por naturaleza viene aferrada al modo de pensar de cualquier persona. ¿Quién – y lo digo con absoluta sinceridad- no ha deseado tener cerca de sí a algún familiar, amigo, conocido, que se compadeciese de él y le brindase lo que es una gracia o caricia de comprensión al estar enfermo?

La soledad que padece Ivan Ilich solo se ve solventada en ciertas ocasiones por la presencia de su buen criado Gerasim pues “únicamente Gerasim se hacía cargo de ella y le tenía lástima; y por eso Ivan Ilich se sentía a gusto sólo con él”.

El pensamiento de nuestro protagonista avanza, como no es menos de una persona tan lúcida y versada, y llega a comprender al final de su propia vida lo que significa verse ligado sin escapatoria alguna a un enfermo al pensar en sus adentro debido a su falta de fuerza: “«Sí, los estoy atormentando a todos -pensó-. Les tengo lástima, pero será mejor para ellos cuando me muera.» Quería decirles eso, pero no tenía fuerza bastante para articular las palabras. « ¿Pero, en fin de cuentas, para qué hablar? Lo que debo es hacer»”
Así, de este modo, la vida del que fue en día un ilustre abogado y juez, llegado el momento, se apaga cual cirio expuesto en una mampara de cristal y arroja un puñado de verdad: “«Éste es el fin de la muerte» -se dijo-. «La muerte ya no existe.»”. Con estas afirmaciones nos demuestra que la problemática de la muerte mientras uno sigue vivo acaba en el mismo momento de la muerte.

En definitiva, Ivan Ilich demuestra en su ser todas las premisas sobre la muerte y la soledad que tanto cautivan al ser humano. Por lo tanto, este personaje, fruto de la imaginación del genial Lev Nikoláievich Tolstoi, nos demuestra todo el potencial de la problemática del asunto.



[1] Economista alemán nacido en 1939 que también desarrolló la labor de la historia social y la filosofía, asunto que nos atañe en este momento.

martes, 5 de marzo de 2013

Cicerón, virtud ante la realidad

Marcus Tulius Cicero, nacido el 3 de enero de 106 a.C., fue, si cabe, uno de los mejores oradores que todos, o la gran mayoría, escogeremos como máximo representante de ese género. Pero, ¿se reduce a tan poco su figura? Si cabe analizar más profusamente este personaje habremos de empezar por el principio de la cuestión, es decir, lo que se sabe del Cicerón como persona.

Cicerón, como todos lo conocemos, no sería más que una apodo, pues como solía hacerse en Roma, el tercer nombre solía ser, aunque no en todos los casos, un apodo que describía un rasgo físico de la persona.  El nombre Cicerón proviene de la palabra "cicer" que quiere decir garbanzo, lo cual podría hacer referencia a una verruga que tenía en la punta de la nariz o, tratándolo desde otra perspectiva, a que su familia se dedicaba al cultivo de los garbanzos.

Cuando solo era un niño, sus padres lo mandaron a estudiar derecho a Roma, donde coincidió con famosos letrados como Escévola o Lucio Licino Craso, quién según Cicerón fue el mejor orador de su época, lo que le valió el apodo de "orator" (el orador). Gracias a este último, entró en contacto con el circulo de poetas de su época, lo que estimuló la faceta de poeta del joven Cicerón.

El primer año recibió las enseñanzas de Antíoco de Ascalón - académico ecléctico y sucesor de Filón de Larisa, muy marcado por la doctrina aristotélica y estoica - Zenón y Fedro - epicúreos - en Atenas; y entre 78 y 77 a. C del estoico Posidonio de Apamea y del retórico Apolonio Molon en Rodas. En Atenas, trabó amistad con Ático, con quien mantendrá el contacto por correspondencia durante el resto de su vida.

Una vez finalizada su formación, tanto retórica como filosófica (puesto que Cicerón estudió y contribuyó al campo de la gnoseología), se casó en Roma con la que fue su única esposa, Terencia. Fruto de este matrimonio nacieron Tulia -esposa en su tercer y último matrimonio, de Cornelio Dolabela- y Marco.

Esta figura de la Roma Republicana se enfrentó a los más destacados momentos de la historia de su época, pues sobrevivió a la dictadura militar de Sila, al primer triunvirato (Pompeyo, César y Casio) y el comienzo del segundo triunvirato. Además, destapó el complot para urdir un golpe de estado protagonizado por el político Lucio Sergio Catilina.
                                            Ciceron desenmascara a Catilina, obra de Cesare Maccari (1840-1919)

Su carrera como político fue bastante significativa a lo largo de su vida, a pesar de que sus anticuados principios sobre la República lo llevaría a ser un hombre "non grato" entre muchos senadores romanos. En el año 63 a.C., Cicerón pronunció su primer discurso contra Catilina - tales discursos son conocidos como las Catilinarias- que empezaba del siguiente modo: "Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?" ( ¿ Hasta cuando, Catilina, abusaras de nuestra paciencia?). De este modo, el senado empezó a tomar conciencia de sus actividades encubiertas y fue detenido, a pesar de que César (Cayo Julio César) se mostró en contra de la pena impuesta por el senado.

No obstante, su carrera política no podría haber comenzado sin su fructuosas andanzas en el campo de la abogacía, con el que ganó un gran prestigio como orador. Su primer caso fue el que es hoy día conocido como "Pro Quinctio" , con el que intentaba solucionar un problema sucesorio. Además, años más tarde pronunciaría, en el 79 a.C., su "Pro Roscio Amerino", en el que incluiría una sutil crítica a la dictadura militar del propio Sila. 

Teniendo en cuenta su labia e inteligencia, no nos es de extrañar que cultivase también la filosofía, a pesar de que no destacaría mucho por ello. Sus textos sobre temas como la amistad ( "De amicitia") o la vejez ("De senectude") son interesantes a pesar de que puedan llegar a parecer obvios en nuestros días, aunque nunca viene mal recordar ciertos valores básicos. En dicha labor filosófica, Cicerón nos deslumbra con frases atemporales como: " La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.". Parece ser que la virtud de la que nos hace gala este ciudadano romano, a pesar de toda la corrupción de su época, es intachable.

Finalmente, su virtud intachable y sus incorruptibles valores serían los que lo llevarían a morir a manos de un asesino contratado seguramente por Marco Antonio puesto que pronunció una serie de discursos en su contra conocidos como las Filípicas en los que lo comparaba con una mujer, lo cual humilló profundamente al famoso militar. Esta sería la última señal de virtud de su vida que lo llevaría a ser asesinado y a que colgasen sus manos en las puertas del senado como señal de aviso.

martes, 19 de febrero de 2013

Retazos de una vida

Primeramente, me gustaría disculparme por todos los comentarios que he hecho en mis postreras entradas, pues parece que hacen pensar y, claro, no hay nada que duela más que el hecho reflexivo ante la vida. ¿Qué pasa? No hacemos más que roernos el cerebro con injustas preguntas hacia nosotros mismos orientadas por esas personas - si es que se les puede llamar así- que nos critican o nos hacen creer que somos inferiores; no pasa nada, te molesta, es natural.

Por cierto, ¿alguna vez os habéis preguntado quién define las modas, lo natural, lo normal? Bonita pregunta la que se nos acaba de plantear, pero no existe respuesta clara a este hecho. En sí, la naturaleza humana es cruel - para que mentirnos a nosotros mismos-, aspiramos a ser buenas personas aunque en realidad nunca llegamos a hacernos al hecho de que ni nos importa el prójimo ni sus circunstancias.

Llamadme realidad, pues soy cruel e inhumano, si quisiese aspirar a los designios de las personas sería como una marioneta. En este caso, ¿ante quién me doblego? políticos, eclesiásticos, economistas y terroristas abusan de mi constantemente y me deforman a gusto. Va a resultar que soy una marioneta inservible. Que indómita es la vida y cuan desesperanzada puede llegar a ser.

Llamadme oscuridad: vivo en vuestros corazones y os hago desconfiar. Con respecto a mi, no puedo decir gran cosa; soy la ausencia de esperanza. Ausencia que parece tomar forma en mi cuerpo angustioso, la desconfianza me alimenta y parece ser que os acompaño hasta la tumba. Nunca os abandonaré, nunca más.

Retazos de un sueño que parecen ser recuerdos lejanos; recuerdos lejanos que parecen retazos de un sueño. Me gustaría poder unirlos para conocer lo que me rodea, sentimientos baldíos. Somos promesas y sueños que nos hacen vivir con la esperanza de un mañana mejor que parece no llegar nunca. Aunque crezcas y abandones todo lo que te precede, nunca abandones los sueños de tu corazón. ¿Qué sería el mundo sin gente soñadora e idealista?

viernes, 1 de febrero de 2013

Fin ¿Un nuevo comienzo?

Hoy, día 1 de Febrero de 2013, termina mi primera convocatoria de exámenes en mi primer año de universidad. Parece que todo ha cambiado pero sigue igual: el sol sigue brillando igual y el mundo parece que me ha esperado, lo cual me hace plantearme ¿Por qué? ¿Para que hago lo que hago? ¿Tiene algún propósito o alguna finalidad?

Preguntas sencillas en primera instancia que todos nos hacemos, pero... ¿tenemos ganas de saber las respuestas? Una vez escuché, no recuerdo bien donde: "no hagas preguntas de las cuales no quieras saber la respuesta". Preguntar, replantear la pregunta, razonarla, olvidarla, volver a cuestionarse, caer en un ciclo de autocomplacencia; esta es la naturaleza del ser humano. No estamos capacitados para hacernos preguntas porque la mayoría de ellas ni nos interesan, nos motiva la codicia y el interés. Pero no por ello el ser humano es malvado y deba ser castigado por su misma existencia - por favor, distíngase maldad de ignorancia aunque muchas veces vayan a la par-.

En otro orden de cosas, con respecto a la segunda pregunta planteada, no quiero creer que esté inspirado por ninguna raza de naturaleza oblonga que dirija mis movimientos cual titiritero que maneja un pobre muñeco ajado y desconcertado por la futilidad de su propia existencia. La creencia es una gran arma, las religiones las usan como fuente de poder. ¿Poder? ¿Existe o es el éxtasis que utilizan las poblaciones de aquí y de allá para hacernos creer que somos diferentes? El poder, bajo mi humilde opinión -crease o no-, es un condicionante que nos vende la humanidad; nos hace diferentes y superiores a aquellos que de antaño son llamados inferiores, cobardes, débiles. El poder no es un placer, es una responsabilidad. No te hace mejor poseerlo, te hace mejor saber usarlo. Por lo tanto, no es mas fuerte el que ejerce el poder para hacerse superior, sino el que decide no usarlo.

Carlo Ginzburg, conocido por ser el creador del género de la "microhistoria", escribió una obra llamada "el queso y los gusanos". ¿Qué quería decir con esto? El queso es la representación metafórica del mundo en el que vivimos - allá cada cual la interpretación de mis palabras que se haga- y los gusanos somos nosotros, es decir, somos unos simples insectos dentro de un conjunto mucho más grande e ininteligible de lo que podamos creer nosotros mismos. Si nuestros actos tuvieran alguna finalidad, algún propósito, más elevado que el de simplemente vivir la vida y disfrutar nos desvirtualizaría y nos dejaría en un estado de "shock". A cada paso que damos, escribimos un mañana, por lo que, lo importante no es llegar, lo importante es el camino que realizamos desde el hoy más inmediato hasta el mañana más lejano. El ser humano no debe buscar el conocimiento, pues este viene y va pero cuando se alcanza parece vacío; estamos inspirados hacia su búsqueda, puesto que esto nos llena y nos completa como seres enteros.

En definitiva, la vida sigue y no existen limitaciones. Si tienes ganas de vivir, cantar o llorar pues hazlo; no hay problemas. Nunca olvides que la vida es efímera, lo que a veces nos puede parecer infinito acaba convirtiéndose en finito y superfluo. El final de un capitulo solo marca el comienzo de otro, si te pierdes en la oscuridad no hallaras nada, el vacío no llena, vuelve a probarlo, se aprende más del fallo que del acierto. ¿Será este el comienzo del fin? 

martes, 15 de enero de 2013

Piri Reis, dibujando el Mundo

Hājjī Mehmet, también conocido como Piri Reis, almirante, marino, cartógrafo otomano y, hasta incluso, considerado pirata por gran parte de los gobiernos europeos, nació en Galipoli, actual Turquía, en 1465 y fue decapitado en Egipto en 1554.

Su nombre se debe a su parentesco, puesto que era sobrino y discípulo de Kemal Reis, que le enseñó a navegar a la temprana edad de 12 años. Fue una persona de gran cultura que dedicó su vida a la asimilación del conocimiento y, fruto de ese afán, hablaba varias lenguas como son, además de su lengua nativa: árabe, griego, portugués y español.

Es un personaje que, aparte de su inmenso prestigio como navegante/marino, de sus hazañas bélicas que se pudiesen considerar de piratería  se dedicó a cartografiar el mundo conocido en su época con algunas particularidades que siguen asombrando a todos los que los visionan.

En 1929, en el proceso de restauración del Palacio de Topkapi en Estambul, lo que en su época se conocia por nombres como Constantinopoli, Constantiniye o Constantinopla (como nosotros lo conocemos), unos obreros que trabajaban en su restauración descubrieron un mapa entre los cascotes. El mapa policromado mostraba el contorno del océano Atlántico, las costas de Europa, África y también las de América. Esto se debe a que Piri Reis navegó junto a su tio, Kemal Reis, por las costas de Al-Ándalus ofreciéndole escolta y capturó, en una de sus incursiones, varios objetos provenientes del Nuevo Mundo y a un marinero que había realizado los 3 viajes a Ámerica con Colón. Aunque, en mi opinión, también pudo basarse en los mapas de Américo Vespucio para realizar su carta con el perfil de la costa de  América. Pero, lo más insólito es que su mapa muestra como era la Atlántida antes de su congelación, lo cual, sumado a lo insólito de los símbolos que aparecen en su mapa conforman un misterio para la humanidad.

En definitiva, Piri Reis ha resultado ser un magnífico y, a la vez, infravalorado marinero y almirante de la armada naval otomana, tachado de pirata, que ha contribuido a uno de los misterios más grandes de la humanidad debido a su labor como cartógrafo. Después de esto solo puedo decir: "Al-lâhu akbar".